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¿Dónde puedo encontrar la paz?


La Pascua es un recordatorio sagrado de que recordar a Jesucristo no es solo algo que hago una vez al año, sino algo que intento hacer intencionalmente, todos los días. Aun así, hay algo en la Pascua que me invita a bajar el ritmo, a reflexionar más profundamente y a centrar mi corazón nuevamente en el Salvador. Pienso en su vida, su amor, su sacrificio y, sobre todo, en su resurrección. La Pascua me recuerda que, gracias a su vida, siempre hay esperanza, sin importar los desafíos, las pérdidas o las incertidumbres que enfrentemos.


Me esfuerzo por recordar al Salvador de maneras sencillas y silenciosas. A veces, lo hago orando temprano por la mañana, preguntándome cómo puedo ser sus manos y tener ojos para ver a quienes tienen necesidades. Otras veces, estudio las Escrituras, leyendo acerca de su compasión, su sanación y su paciencia, y preguntándome cómo puedo mostrar esas mismas cualidades a los demás. Trato de recordarlo cuando elijo ser bondadoso, cuando ofrezco perdón, cuando sirvo en silencio o cuando ayudo a alguien que está pasando por dificultades. Estos pequeños momentos, realizados con intención, me ayudan a mantenerlo cerca de mi corazón.


Hace poco, me encontré acompañando a un querido amigo que se acerca al final de su vida. La habitación estaba en silencio, llena de ternura y recogimiento. Mientras le tomaba la mano, pensé en el Salvador: en cómo consoló, cómo compartió el duelo con los que lloraban y cómo trajo paz en momentos de profunda incertidumbre. En esa quietud, sentí que recordarlo no se trata solo de palabras o tradiciones, sino de estar presente, de ofrecer amor y de mantener la esperanza cuando más difícil es hacerlo. En ese instante, la Pascua se sintió muy real. Gracias a Él, la muerte no es el final. Gracias a Él, el adiós no es para siempre.


Al reflexionar en esta Pascua, también pienso en las muchas pruebas y dificultades que atraviesan los miembros de la Estaca St. Cloud. Algunos enfrentan serios problemas de salud. Otros cargan con pesadas cargas: soledad, dificultades económicas, problemas familiares, incertidumbre sobre el futuro o el peso de cuidar a otros. Algunos lloran pérdidas, mientras que otros buscan paz y guía. Estas experiencias me recuerdan que todos recorremos caminos difíciles en ocasiones. Sin embargo, en cada una de estas historias, también veo fe. Veo personas que continúan sirviendo, orando, participando y confiando en el Salvador incluso cuando la vida es dura.


¿Dónde podemos encontrar paz en momentos como estos? La Pascua nos da la respuesta. Nos dirigimos al Salvador. Él comprende cada dolor, cada preocupación y cada angustia. Porque venció al mundo, nos ofrece fortaleza para seguir adelante, paz en medio de las pruebas y la esperanza de que vendrán días mejores. La Resurrección no es solo una promesa para el futuro, sino también una fuente de fortaleza para hoy. Es la certeza de que la luz llegará, la sanación es posible y nadie camina solo.


En esta Pascua, estoy especialmente agradecido por el Salvador que recorrió el camino del sufrimiento para poder acompañarnos en el nuestro. Agradezco la paz que proviene de recordarlo intencionalmente: en momentos de alegría, en momentos de recogimiento y en momentos sagrados junto a un amigo que se prepara para regresar a casa. Agradezco la fe que veo en los miembros de la Estaca St. Cloud, quienes siguen confiando en Él a través de sus propios Viernes Santos, aferrándose a la esperanza de la mañana de Pascua.


Él vive. Y gracias a que Él vive, hay esperanza, sanación y paz para todos nosotros.


¡Felices Pascuas! ¡Él vive!


Hermana Nicole Kummala

Presidenta de la Sociedad de Socorro de la Estaca St. Cloud

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